Frecuencia anual y distribución mensual de las nevadas en el Tibidabo

Per acam el 25/01/2008 | 6756 visites

Javier Martín Vide
Aparegut a la publicació: Notes de Geografia Física
N° 10. 1984. pp.17-22 (cedit per l'autor)

El fenómeno de la nieve en los modestos relieves de la Cordillera Litoral Catalana frente a Barcelona no puede ser considerado excepcional, como se probará en el presente estudio. Se calculará, para ello, la frecuencia anual de días de nieve y de días en que la nieve cuaja y sus desgloses mensuales, buscando las causas de las mismas. Para tal fin hemos utilizado datos del observatorio Fabra (= 41º 24'59" N., L = 0 h. 8m. 30s. E., alt. = 420m.). El observatorio se halla situado en la vertiente SE. del Tibidabo (serra de Collserola), dando frente a la ciudad de Barcelona y al Mediterráneo, a unos 7 km. del mismo y 0.6 de la cumbre (512 m.), aproximadamente, en un sector de moderada pendiente cubierta de vegetación de tipo mediterráneo.

1. SELECCION DE LOS DATOS
Los datos para este estudio se han tomado del "Boletín de la sección meteorológica y sísmica", del observatorio Fabra, para el periodo básico 1935-70. Concretamente, los referentes al meteoro de la nieve, reseñados en los apartados: "Número de días en que se han observado fenómenos especiales en el observatorio Fabra durante el año..." y "Nubes a 8 horas e historial meteorológico". Al comparar las observaciones correspondientes de ambos apartados se ha encontrado alguna diferencia, que ha sido corregida dando preferencia, en general, al historial meteorológico sobre el resumen que supone el primer apartado mencionado. Los datos del periodo analizado muestran un buen grado de fiabilidad y, a pesar de las bajas frecuencias del fenómeno, la amplitud del mismo (36 años) es aceptable.

Con el meteoro de la nieve en sentido estricto se ha incluido -como es normal en los resúmenes por número de días- otros tipos de precipitación sólida (como la nieve granulada, la cinarra, el granizoo menudo, etc.), excluidos el granizo y el pedrisco. Por tanto, "día de nieve" será todo día en que se registre algún tipo de precipitación acuosa sólida distinto del granizo y del pedrisco. Se considerará "dia en que la nieve cuaja" aquel día de nieve en el que la precipitación forma una capa sólida en el suelo. Este título no recoge, pues, el número de días en que la nieve cubre el suelo, que tendría en cuenta además del día de la precipitación los días en que persiste la capa sólida. Este último dato es más interesante, pero no se consigna en los boletines. De todas maneras, en el área estudiada, salvo casos muy raros, los espesores y la persistencia de las capas de nieve son muy poco importantes, desapareciendo en algunas horas, por la que la información disponible cubre bastante bien el estudio de las nevadas.

En el cuadro 1 se presenta, por meses y año, el número de días de nieve y el número de días en que la nieve cuajó del periodo analizado.


Cuadro 1 - Número de días de nieve (n) y de días en que la nieve cuajó (n'), por meses y años (Observatorio Fabra, 1935-70)

2. DIAS DE NIEVE
En el cuadro 2 se dan las frecuencias absolutas y las medias de días de nieve, mensuales y anual. En la figura 1 se desglosa por periodos de 10 días (o parecidos) las frecuencias absolutas mensuales. Resulta, a la vista del cuadro, que la frecuencia o media anual de días de nieve en el Tibidabo es de 3.78 0.82 (con un nivel de confianza del 95%). Por meses, enero y febrero, fueron los que registraron un mayor número de días de nieve, con más de un día al año, en promedio, siguiendo diciembre y marzo con medio día, mientras que las nevadas fueron muy raras en los meses de abril y noviembre. Sólo dos de los treinta y seis años analizados no conocieron la nieve, 1949 y 1961, habiéndose registrado, por el contrario, 10 días de nieve -el máximo en un año- en 1956, de los que nada menos que 9 correspondieron al mes de febrero. Esto se produjo con la excepcional "ola de frío" de aquel año. Aún teniendo en cuenta esta anormalidad, el máximo de enero-febrero se decanta hacia febrero, y, por periodos de 10 días, a la segunda decena del mismo, como también la confirman los datos consultados de otros periodos anteriores y posteriores al analizado, aparte de ser un mes más corto. La nevada más temprana se produjo el 26 de noviembre de 1969 (que no fue en forma de nieve, en sentido estricto) y la más tardía el 17 de abril de 1955 (en cantidad inapreciable). La más importante, en todos los aspectos, fue la del 25 de diciembre de 1962. En aquella ocasión nevó con gran intensidad durante unas veinte horas seguidas, cuajando una capa de un espesor comprendido entre 60 y 80 cm., según las mediciones del observatorio, la cual, favorecida por las bajas temperaturas asociadas a la ola de frío que la causó, persistió bastantes días, hasta entrado el año 1963. Esta nevada afectó también severamente a la ciudad de Barcelona, ya otros sectores, colapsando su vida urbana durante unos tres días, lo que aún pervive nítidamente en el recuerdo de sus habitantes.


Cuadro 2 - Frecuencias absolutas y medias de días de nieve, por meses y año

(Observatorio Fabra, 1935.70)

Volviendo al número de días de nieve por año, se ha comprobado el ajuste de su distribución muestral a la distribución binomial negativa, de parámetro , pero no así a la distribución de Poisson,

de parámetro = 3.78. En el primer caso el ajuste puede aceptarse sin reparos aunque la distribución muestral presente bimodalidad, dado que ésta es achacable al análisis por años civiles, que mezclan periodos invernales distintos, desapareciendo si se efectúa por años climatológicos.


Figura 1.- Frecuencias absolutas de días de nieve por periodos
de 10 días, ó parecidos (Observatorio Fabra, 1935-70).

3. DIAS EN QUE LA NIEVE CUAJA
En el cuadro 3 se dan las correspondientes frecuencias absolutas y las medias de días en que la nieve cuaja. La frecuencia anual es de 0.89 0.28 (con un nivel de confianza del 95%). Se ha comprobado el ajuste de la distribución muestral a la distribución de Poisson de parámetro , pero no a la binomial negativa correspondiente. La distribución de Poisson suele ser la seguida por el número de ocurrencias de un suceso de muy pequeña probabilidad, como es en el lugar del estudio la aparición de un día en que la nieve cuaja, mientras que -según se vio en el apartado 2- el número de días de nieve se ajusta a la distribución binomial negativa, debido a que la aparición de un día de nieve es un suceso algo más probable y presenta, además, cierta conexión con otros días de nieve, al producirse éstos, en bastantes ocasiones, en días sucesivos (JANSA, 1969). Por meses, enero, febrero y marzo tienen frecuencias máximas, muy parecidas, mientras que en abril la nieve nunca cuajó.


Cuadro 3 - Frecuencias absolutas y medias de días en que la nieve
cuaja, por meses y año (Observatorio Fabra, 1935-70).

Los porcentajes de días en que la nieve cuaja respecto a días de nieve se presentan en el cuadro 4. El 23.5% de los días de nieve dejaron la blanca capa sobre el suelo, destacando el elevado valor de marzo (44.4%), y siguiendo bastante atrás enero, febrero y diciembre. El resultado de noviembre no es, obviamente, significativo.

Los extremos de nevadas que cuajaron se sitúan en el 30 de noviembre de 1969 y el 23 de marzo de 1937. Con respecto a los espesores, sólo poseemos algunas mediciones, que dan valores en general pequeños, recogidos en el cuadro 5.

El valor 3.78 hallado para el número de días de nieve al año, así como la falta de ajuste de éstos a una distribución de Poisson, prueba que el fenómeno de la nieve en, el Tibidabo es poco frecuente pero no excepcional. El valor 0.89 de la media anual de días en que la nieve cuaja da idea de que las nevadas son poco importantes. Como referencia, en el casco urbano de Barcelona (altitud: 95m.) los correspondientes promedios, calculados para el periodo 1941-70, reducen el número anual de nieve a 1.6 y el de días en que la nieve cuaja a sólo 0.13 (MARTIN VIDE, en public.).


Cuadro 4 - Porcentajes de días en que la nieve cuaja
respecto a días de nieve


Cuadro 5 - Espesores de algunas de las nevadas que cuajaron

4. CAUSAS SINOPTICAS
Dada la situación geográfica de los modestos relieves costeros del Tibidabo, en el nordeste de la Península Ibérica y bajo la influencia suavizadora del Mediterráneo, la situación sin óptica que provoca la mayor parte de las nevadas es la que puede denominarse advección del nordeste ó advección continental europea (invernal). Conocida por "ola de frío" del NE. (PATXOT, 1912), es una verdadera invasión invernal de aire polar continental (Pc) ó ártico continental (Ac), seco y muy frío. Las figuras 2 y 3 son dos ejemplos de tal situación, que dieron lugar a precipitaciones en forma de nieve en el Tibidabo. Estas olas de frío se producen cuando un potente anticiclón cálido se sitúa sobre las Islas Británicas o extendido en sus proximidades, provocando una situación de bloqueo. La circulación, con bajo índice, presenta a menudo una configuración en . Al mismo tiempo, sobre la Península Itálica, o en sus cercanías, suele haber una borrasca más o menos profunda en superficie, pero claramente detectable en la topografía de 500 mb., donde aparece ligada a un acusado embolsamiento de aire frío, origen de la moderada inestabilidad que causa precipitaciones, en general poco importantes, en la costa catalana. En el nivel de 500 mb. la temperatura sobre la vertical del Tibidabo suele ser inferior a -25ºC durante las olas más intensas. Ello, unido al hecho de que el aire polar o ártico continental apunta desde el interior del continente Euroasiático, siguiendo el pasillo de isobaras con orientación aproximada NE-SW, hacia el nordeste de la Península Ibérica, es causa de acusados descensos térmicos. Estos determinan que la costa catalana, relativamente bien orientada ala advección y próxima a la borrasca, reciba algunas precipitaciones en forma de nieve.

Las otras situaciones causantes de episodios fríos en la Península Ibérica, las advecclones del norte o del noroeste (invernales), o invasiones de aire polar ó ártico marítimo, y los anticiclones fríos invernales (FONT, 1957), tienen poca incidencia en el área de estudio en cuanto a causar nevadas. Las primeras no tienen un acceso tan directo a la fachada mediterránea, ni suponen descensos térmicos tan importantes como los de las advecciones del nordeste, provocando en alguna ocasión, según ha observado el autor, nieve granulada, acompañada de tormenta, al paso de algún frente frío. Respecto a los segundos, la estabilidad asociada a ellos, aparte del atemperamiento, por la influencia marítima, de los enfriamientos que producen, impide toda precipitación nivosa sobre el lugar de estudio.

Una vez hallada la causa o situación sin óptica tipo, puede esbozarse una explicación del máximo de nevadas en febrero. En este mes son más frecuentes que en enero las ondulaciones de la corriente en chorro, produciéndose coladas meridianas o sub meridianas más numerosas e intensas (FONT, 1957) que en el primer mes del año, en el que además suelen observarse con mucha frecuencia anticiclones térmicos sobre la Península y el continente europeo. Cabe preguntarse también por la causa del elevado porcentaje de días de nieve en el mes de marzo. En este mes, debido a la desaparición del anticiclón térmico invernal con el consiguiente aumento de advecciones atlánticas (RASO, 1977) y de otras, se registra un aumento de la cantidad de precipitación sobre la de enero y febrero. Puede conjeturarse, entonces, que cuando se da una situación sin óptica de ola de frío del nordeste verdaderamente intensa, la precipitación suele ser más abundante y, si la temperatura es lo suficientemente baja, la nevada cuaja con relativa facilidad, desapareciendo, por otra parte, la capa sólida también con rapidez. Es decir, en marzo se dan pocos días de nieve, pero cuando ésta aparece, al ir ligada a unos mecanismos que dan una precipitación relativamente abundante, puede cuajar sin mucha dificultad.

CONCLUSIONES
Las medias de días de nieve y de días en que la nieve cuaja en el Tibidabo ('observatorio Fabra) son de 3.78
0.82 y de 0.89
0.29 (al nivel de confianza del 95%), para el periodo 1935-70, respectivamente, siendo, por consiguiente, el fenómeno de la nieve poco frecuente e importante, pero no excepcional. La distribución muestral del número anual de días de nieve se ajusta a una distribución binomial negativa y la del número anual de días en que la nieve cuaja a una distribución de Poisson, pero no al revés, lo que ratifica, en el primero caso, el hecho de que los días de nieve no pueden ser considerados sucesos muy raros. Las nevadas se producen casi exclusivamente cuando se presenta una "advección del nordeste", en época invernal, caracterizada por un anticiclón cálido en latitudes altas y una borrasca próxima a la Península Itálica, con un acusado embolsamiento frío en altura. Estas "olas de frío" son algo más frecuentes en febrero que en enero y más intensas en el segundo mes del año que en los restantes. En marzo las escasas nevadas cuajaron con cierta facilidad al ser relativamente abundante la cantidad precipitada.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
- FONT, I. (1957): "Períodos fríos en la Península Ibérica". Revista de Geofísica. enero-mano, pp. 41-60, Madrid.
- JANSA, J. M. (1969): Curso de Oimatologia, Madrid, S. M. N. (serie B, no 19).
- MARTIN-VIDE, J. (en public.): "La precipitación en el Pla de Barcelona". Comunicación presentada al I Congré del Pla de Barcelona (nov. 1982).
- MÉTÉOROLOGIE NATIONALE: Bulletin Quotidien d'Études. Paris. OBSERV ATORIO FABRA: Boletín de la sección meteorológico y Sísmica, Barcelona, Academia de Ciencias y Artes.
- PATXOT, R. (1912): Pluviometría Catalana, Sant Feliu de Guí- xols, Observatori Catala. RASO, J. M. (1977): El clima de Baleares, Barcelona, Universidad de Barcelona (tesis doctoral inédita).

FIGURAS
Topografía de la superficie de 500 mb. a 3 h. (T. M. G.) del día 14 de enero de 1957.

Análisis en superficie a 18 h. (T. M. G.) del día 14 de enero de 1957.

Topografía de la superficie de 500 mb. a 0 h. (T.M. G.) del día 28 de enero de 1963.

Análisis en superficie a 6 h. (I. M. G.) del día 28 de enero de 1963.